¿Por qué el traductor consulta palabras al cliente?

Hace unas semanas os contábamos qué pasaba desde que encargas una traducción hasta que te la devuelven hecha. Veíamos que el proceso de dividía en varias fases: acuerdo, análisis, traducción, revisión y entrega. La primera de ellas comienza cuando el potencial cliente se pone en contacto con nosotros para explicarnos lo que necesita y en ella, como ya hemos visto, es conveniente que nos proporcione los 6 datos que necesita un traductor para decidir si acepta un encargo y hacer el presupuesto. Una vez llegados a este punto el traductor calculará un presupuesto que depende principalmente de 4 factores. Pues bien, no sólo vamos a necesitar al cliente en estas primeras fases. Muy probablemente contactaremos con él durante las fases de análisis, traducción y revisión para consultarle dudas o preferencias. Hoy vamos a responder ¿por qué el traductor consulta palabras al cliente? ¿No es su trabajo investigar?

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¿Por qué el traductor consulta palabras al cliente? | Contilde Servicios de traducción

“¿Cómo? ¿Pero esa no es su tarea? ¿No le corresponde al traductor hacer ese trabajo?” Sí. La traducción es NUESTRO trabajo y PODEMOS hacerla solitos. O al menos deberíamos ser capaces. Sin embargo, como sabéis existen los sinónimos, las variaciones y otro tipo de fenómenos que nos fuerzan a tomar decisiones. ¿Entonces, no están los traductores capacitados para tomar dichas decisiones? La cuestión es que en muchos de esos casos la política de la empresa que vaya a publicar el texto, las preferencias que tengan sus trabajadores, etc. son factores determinantes a la hora de elegir estos detalles. Por eso preguntamos.

Por ejemplo, entre el inglés americano y el inglés británico hay alguna que otra diferencia escrita. Mientras en EE.UU. escriben: color, favorite, center, license, practise, tire, catalog, etc.; en Reino Unido se escribe: colour, favourite, centre, practice, tyre o catalogue. En principio, nosotros podríamos elegir una u otra y mantener de forma coherente la seleccionada a lo largo de toda tu página web sobre maquinaria y el resultado sería correcto (aunque quizás no el ideal). Si tu empresa está pensando en instalarse próximamente al otro lado del charco o se relaciona habitualmente con el mercado europeo la decisión no es tan indiferente como parecía a primera vista. Pues bien, por eso te vamos a preguntar qué variedad prefieres, para adaptarnos a tus necesidades y responder a ellas de la mejor forma posible.

Pero no sólo consultaremos esas cosas, ¡también te vamos a preguntar cómo quieres que traduzcamos algunas palabras! “¡Esto ya me parece el colmo! Yo no le pregunto a mis clientes cómo quieren que fabrique la pintura que reviste la maquinaria que les vendo”. Bueno, pues sí, pero muchas veces dentro de las empresas se utiliza lenguaje interno con el que los trabajadores se entienden y se manejan a diario, aunque fuera de allí a las cosas se les llame… por otro nombre. ¿Qué sentido tendría que yo traduzca un curso formativo de vuestra central de Marsella utilizando tecnicismos que no estáis acostumbrados a utilizar? ¿No os sentiríais más cómodos si el PowerPoint que os proyectan en la formación interna de la empresa llama a las cosas por “su nombre”, tal cual lo hacéis vosotros a diario? Un traductor no sabe que llamáis “paleta” a la “palanca de apertura del depósito de mineral” igual que vosotros tampoco sabréis que ese botón que utilizáis cada día se llama “reactivación del proceso energético invertido”. Si ya habéis traducido otras formaciones en la empresa, si tenéis documentos que hablen “el lenguaje de la casa”, si lleváis tiempo trabajando con el mismo equipo de traducción, la consistencia lingüística de los textos, es decir, su coherencia y cercanía, para que nos entendamos, será cada vez mayor. Sobre todo si se utilizan programas de traducción asistida, que memorizan las traducciones y permiten al traductor ver cómo se han traducido otras veces los términos que aparecen en el texto. No siempre es tan importante, pero a veces es conveniente que una traducción se adapte al receptor para comunicar, para que cuando te explican la prevención de riesgos de tu puesto en la fábrica no parezca que te hablan de una estación espacial, ¿o no?

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APORTACIÓN POSTERIOR DE COMPAÑEROS

 Después de comentar esta entrada con otros traductores nos han comentado que tienen este problema frecuentemente cuando en un texto hay muchos anglicismos. En algunos sectores se utilizan palabras inglesas para ciertos términos que tienen traducción en español. Muchas veces el traductor consulta al cliente si prefiere que los mantenga en inglés o que use la traducción al español que probablemente está menos extendida. Este tipo de detalles pueden mejorar la percepción que el cliente tenga del traductor (al percatarse de que se preocupa por sus preferencias) o todo lo contrario (pues piensa que tiene que ayudarle en su trabajo) por eso es un tema delicado en el que lo mejor es conocer las intenciones que tiene el traductor al consultar ¿pretende acabar antes o hacerlo mejor para ti?

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Por eso, no os asustéis cuando un traductor os pregunte (salvo que os lo pregunte todo, claro). Generalmente resolverá los conflictos él solito pero algunas veces os consultará lo que preferís para que el texto sea práctico y cumpla su función. No es la primera vez que una empresa responde “nosotros no tenemos una forma especial de llamar a las cosas, no usamos glosarios ni tenemos textos de referencia, tomad las decisiones que os parezcan oportunas” y una vez traducido el texto nos pasan una lista de términos “que nosotros decimos así”. Esto suele requerir más tiempo y retrasar la entrega. Con un poco de esfuerzo previo, un email contando estas cosillas, el resultado no sólo es más rápido sino que será más práctico.

El equipo de Contilde

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